La verdadera enfermedad

Por: Luisa Rodríguez

La enfermedad aparece cuando nos hemos encargado de llevar a nuestro cuerpo, a una desarmonía mental, emocional y espiritual. 

Mi experiencia en consulta me ha revelado como, la gran mayoría, por no decir que el 100% de las enfermedades, son nuestra propia creación. Alrededor del 95 % de las enfermedades proceden de la estructura egotista que hemos construido entorno al miedo, y tan solo el 5% restante, equivale a bases genéticas. Las enfermedades las generamos nosotros mismos, son el producto de emociones no resueltas, y de los pensamientos que nacen de dichas emociones. 

El cuerpo es el instrumento de comunicación de nuestro ser, y las emociones juegan el papel principal en ello. Todos hemos evidenciado, de una u otra manera, la respuesta de nuestro cuerpo ante estímulos emocionales, por ejemplo, sintiendo mariposas en nuestro estómago cuando estamos enamorados, o quizás, con temblores en las manos, sudor, o el corazón agitado cuando nos sentimos nerviosos. La emoción y el pensamiento repercuten en la actividad biológica de nuestro organismo, razón por la cual, a la hora de hablar de la enfermedad, la raíz, por lo general, es emocional. 

Las emociones y los pensamientos son energía, al igual que lo es todo lo que nos rodea. Todo lo que existe es energía; por lo tanto, nuestro cuerpo también lo es. La energía que habita en el cuerpo humano, fluye libremente por canales específicos que se encargan de hacer que esta energía vital, llene de vida a nuestro organismo en su totalidad. Esta energía fluye de manera armónica, haciendo con ello, que cada órgano funcione a la perfección; pero, en ocasiones, esta armonía se ve interferida por aquellos sentimientos, emociones, y pensamientos basados en el miedo que se encargan de obstaculizar su flujo natural. 

Cuando estos sentimientos, emociones y pensamientos provenientes del miedo no son transformados, ni liberados, quedan en nuestro torrente energético causando bloqueos en ciertas partes del cuerpo, haciendo que el flujo de la energía vital, se vea obstaculizado debido a dicho estancamiento emocional, que, con el tiempo, se materializa en enfermedad.  Es inevitable sentir, es inevitable pensar, por lo tanto, siempre vamos a sentir y siempre vamos a pensar; y si la gran mayoría de nuestras enfermedades provienen del sentir y del pensar, se hace indispensable, para procurar la armonía en nuestro ser, aprender a convivir con ellos, aprender a transmutarlos, y a liberarlos, para que de esta manera la emoción, el pensamiento y demás, no queden en nuestro sistema circulatorio energético obstaculizando el flujo de la energía vital, causando desarmonía y generando una enfermedad. Cuando no transformamos el sentimiento, la emoción o el pensamiento, este queda acumulado en nuestro cuerpo, y lentamente va deteriorando nuestro organismo, hasta afectar nuestro ADN. Cuando desbloqueamos la energía de la emoción acumulada retorna la armonía a nuestro cuerpo, evitando con ello, el deterioro en nuestro organismo, o en su caso, reprogramando de nuevo nuestro ADN.

Cualquier dolor, malestar o enfermedad, es desarmonía; su presencia es un llamado para hacernos ver lo que verdaderamente tenemos que ver a través de ese dolor, malestar o enfermedad. La enfermedad aparece cuando no hemos oído a nuestro verdadero ser. Cuando no le hemos prestamos la atención suficiente a nuestro ser, llega la enfermedad.

Toda enfermedad trae consigo un mensaje; el mensaje es reconectarnos con nuestro interior. Por medio de este llamado, la enfermedad, nos quiere hacer ver lo que tenemos que ver para aprender a través de ella. La enfermedad al igual que todo lo que nos sucede en nuestra vida, es una maestra que nos quiere conducir al contacto con nuestra esencia. La enfermedad esta buscando retornarnos a la consciencia de nuestro verdadero ser. Nuestro verdadero ser es la esencia. En la esencia se encuentra todo el poder y la armonía, para retornar el balance a nuestro cuerpo y reprogramar nuestro ADN.

Todos tenemos la capacidad de sanarnos a nosotros mismos. Todos podemos restaurar la armonía en nuestro ser y conservarla, pero, para hacerlo, debemos reconectarnos con nuestro verdadero ser, la esencia.

Por experiencia propia, se que es recorrer el proceso de la enfermedad, y es gracias a este recorrido que retorné a mi interior, y en mi interior descubrí el poder que habita en mi, que es el mismo que habita en ti. Fue este mismo poder el que procuró mi sanación. Así que si, te encuentras experimentando cualquier dolencia o enfermedad, te espero con los brazos abiertos para caminar juntos el retorno a tu corazón.